Paula Mariani | Querido macho indignado
15788
post-template-default,single,single-post,postid-15788,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-10.1.1,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive

Querido macho indignado

¿Cómo estás? ¿Cómo va todo? Espero que bien, porque me has dejado un poco preocupada, la verdad. Preocupada por esa pareja que tú conoces en la que la mujer le pega al hombre. Espantada por todos esos amigos que tienes acusados falsamente de maltrato. Qué horror. Espero que ya estén en casa, lejos de sus acusadoras.

No puedo dejar de pensar que no hay un día del hombre trabajador, con lo trabajador que tú eres. Y espero que se te haya pasado el cabreo por lo de Federer, que no se puede comparar con Serena ni con Steffi ni con Margaret porque las mujeres jugamos a tres sets.

También espero que sigas piropeando a las mujeres por la calle, faltaría más. Que ya sabemos todos que las que se quejan siempre son las feas, porque a ellas no les dicen nada. Y un buen piropo le sube el ánimo a cualquiera. El problema es que está el mundo lleno de cardos que odian a los hombres.

Además, tú no tienes por qué pedir perdón por nada, porque tú eres de los que ayudan en casa, ¿no? Que tu mujer no se puede quejar, que después de todo el día trabajando le echas una mano y pones la mesa.

En fin, que espero que estés bien.

Yo estoy muy bien, gracias por preguntar. En realidad es que todo sigue como siempre, así que tengo pocas quejas.

Sigo volviendo a casa aterrada cuando son más de las doce y no hay nadie en la calle. Normalmente vuelvo con las llaves en la mano, para abrir la puerta de casa rápido y por si tengo que pegarle un puñetazo a alguien. Llevo siempre una llave sobresaliendo del puño, para pinchar si el puñetazo no me sale. Voy por calles en las que vea al tráfico de frente y por el borde de la acera por si hay alguien escondido en un portal.

Sigo yendo a mis clases de defensa personal, en las que me enseñan qué hacer si alguien quiere violarme. Estoy pensando, de hecho, en apuntar ya a mi hija, porque va a cumplir doce años y me aterra que esté sola en la calle cuando oscurece (que ahora mismo es a las seis de la tarde).

Como siempre, miro a mis amigas y conocidas y pienso en cuál será la que recibe malos tratos, porque, por estadística, alguna de ella lo está pasando mal y no me lo dice. Qué cosas tiene la estadística, ¿eh? Cuando son números fríos y ves que una de cada cinco mujeres sufre maltrato de algún tipo te cambia la perspectiva.

Nos siguen asesinando. Es tremendo. Todas las semanas pasa algo. Pero debe ser que nos lo buscamos o que nos matamos nosotras mismas, porque la prensa no para de decir cosas como “Muere una mujer tras recibir 25 puñaladas de su novio”. El novio sigue siendo un actor pasivo y la mujer, protagonista activa de su asesinato.

El trabajo va bien. Tengo bastantes encargos y voy entregando proyectos rápidamente. Es un sector en el que el 80% de las profesionales somos mujeres, pero cuando trabajo en grupo siempre somos minoría, es curioso. Y sí, los más mediáticos y conocidos son hombres.

Tengo buenas tarifas y voy tirando con lo que gano, aunque los hombres, claro, suelen tener tarifas más altas más rápidamente y suelen fidelizar más a los clientes. Sigue habiendo traducciones que no me dan ni a mí ni a mis compañeras, porque son de fútbol, de automovilismo o de bricolaje.

Por lo menos en mi sector nadie te pregunta si vas a quedarte embarazada, porque somos casi todas autónomas. Pero muchas de mis amigas siguen lidiando con eso. Cada vez menos, por suerte, porque ya tenemos todas una edad en la que se nos ha pasado el arroz.

También tengo la suerte de trabajar en pijama si quiero. Menos mal, porque he engordado un poco y no acabo de estar cómoda cuando tengo que salir a la calle un poco arreglada para ir a ver a un cliente. Creo que se me nota algún michelín y hay hombres que me lo indican amablemente.

Yo no me puedo quejar, ya sabes que solo he sufrido microacoso: me han tocado las tetas en el tren, me han tocado el culo en la calle, me han seguido hasta casa, me han dado un beso sin mi permiso… cosas que nos pasan a todas. Así que en ese sentido estoy bien. A mí no me han violado en grupo y nadie pone en duda lo que digo, porque que te toquen las tetas es lo normal. Cruzo los dedos para que a mi hija solo le pase eso, lo normal.

Sigo escuchando la palabra “feminazi”. Sigo oyendo que las feministas solo quieren castrar a los hombres. Hay quien arruga la nariz cuando digo que soy feminista y me dice que lo importante es la igualdad. Sigo oyendo que las más machistas son las mujeres. Normalmente son comentarios que me hacen los hombres.

Sigo leyendo a mujeres interesantes, que tienen cosas que decir, y sigo leyendo respuestas vejatorias sobre su aspecto físico o su vida sexual. Da igual lo que opine la mujer y lo que argumente, la respuesta siempre es decirle gorda o fea o bollera o malfollada. O el infinitamente más elegante “tú lo que necesitas es un buen polvo”.

Todavía hay quien dice que lo de la paridad es una chorrada, que hay que escoger siempre al candidato mejor preparado. Ese que, claramente, no te va a fastidiar con una baja por maternidad o con los cambios de humor de la regla.

En fin, lo normal.

Estoy haciendo preparativos para la manifestación el 8M. Como autónoma no puedo hacer huelga, pero la haré simbólicamente. Sé que no nos veremos allí porque para ti hay cosas infinitamente más importantes que toda esta chorrada de las mujeres, pero es que yo necesito algo en mi vida que NO sea normal. Una pequeña esperanza de anormalidad.

Te deseo todo lo mejor. Especialmente que se te pase el cabreo.

Besis.

No Comments

Post A Comment