Paula Mariani | La falacia de la fractura social
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La falacia de la fractura social

Abro un grupo de whatsapp. Leo la frase de moda: “Hay fractura social. Hermanos contra hermanos, como en la Guerra Civil”. Cierro whatsapp. Enciendo la radio. Una tertuliana habla de familias que no se pueden reunir en Navidad porque están enfadadas por culpa de la fractura social. De la necesidad que hay de volver a la situación anterior. De que es horrible que la gente esté tan crispada, de que eso es malo para todos. Apago la radio.

Parecería que la fractura social es un monstruo dormido que salta cuando no le gusta lo que oye. Y no es verdad.

El concepto de sociedad va intrínsecamente unido al de fractura social. Porque una sociedad no es otra cosa que un grupo de gente que vive en el mismo sitio en el mismo momento. Sí, es posible que compartan costumbres y tradiciones. Y también es posible que no. Y sí, se ciñen a unas reglas acordadas entre todos, pero no es menos cierto que esas reglas deberían poder ser puestas en entredicho y discutidas en cualquier momento para que vuelvan a representar el acuerdo entre todos.

Hay fractura social continuamente, todos los días. La hay entre ricos y pobres (la peor, la más dañina y la que sigue condenando a medio mundo a la miseria), la hay entre religiosos y ateos, la hay entre votantes de izquierdas y de derechas, entre los homófobos y los que no lo son. La hay incluso en función del equipo de fútbol al que apoyes o el periódico que leas. Hay fractura en cosas básicas y en cosas más superficiales, pero hasta cierto punto siempre va a haber conflicto en una sociedad.

Porque el conflicto no es malo. El conflicto nos obliga a buscar una solución a un tema que preocupa a una parte de la sociedad. Si los homosexuales no hubiesen puesto sobre la mesa el tema del matrimonio, no lo habríamos aceptado. Y hubo fractura social, con manifestaciones masivas en contra, incluso, de llamarlo matrimonio. Y lo discutimos y nos peleamos y lo acabamos aprobando. Como tantas y tantas otras reivindicaciones sociales de, oh sorpresa, solo una parte de la sociedad, generalmente en conflicto con otra.

La única manera de avanzar es que haya fractura social, que se ponga un tema sobre la mesa y que se discuta. Que se hable, que se escuche, que se razone y se dialogue. Que el tema nos importe tanto como para defenderlo con vehemencia allá donde haga falta.

Hablar de fractura social en términos negativos es una irresponsabilidad por dos motivos:

  1. Nos permite dejar de escuchar a quien no está de acuerdo con nosotros. No olvidemos que el causante de la fractura social es siempre el otro. Hablar de la crisis familiar y social la hace crecer, porque la legitima. Nos da coartada para no invitar a nuestro cuñado a cenar. O para dejar de contestar los mensajes del amigo pesado. Nosotros no somos cerrados de mente, es la fractura social.
  2. Nos hace pensar que hay temas de los que es mejor no hablar, porque pueden causarnos problemas con la familia en la cena de Navidad o con los compañeros de trabajo o los amigos. Mucho mejor callarnos y pasar de esos temas que no generan consenso.

Si no podemos hablar con nuestra familia y nuestros amigos de temas en los que no estamos de acuerdo, de cómo entendemos el mundo, la política, nuestro país, somos una mierda de sociedad que ya estaba fracturada antes de todo esto.

¿Qué clase de sociedad es aquella en la que no podemos cuestionar lo que nos parece mal? ¿En la que no podemos manifestarnos en un sentido o en otro? ¿En la que no podemos sacar determinados temas por miedo a (cito textualmente) “despertar al fascismo” y “causar fractura social”? Cuando nos empiezan a dar miedo las ideas, es que estamos jodidos.

Si somos incapaces de escuchar a quien no piensa como nosotros y acordar una salida política y pactada, ¿para qué necesitamos política?

La fractura social es necesaria para plantear demandas y escuchar lo que quiere la población. Para avanzar. Para cambiar y mejorar las cosas. Lo que necesitamos no es reconciliación y perdonar al otro por su postura intransigente. Lo que necesitamos es sentarnos a hacer política de verdad y a entender que nada es inmutable. Que toda agitación social surge de gente, miembros de la sociedad, que no están contentos con la situación actual, sea la que sea. Y lo que no se puede hacer es pedirle a esa gente que se calle para que no nos peleemos.

Una de mis frases favoritas dice que cuando el dedo apunta al cielo, el necio mira el dedo. Y la fractura social es el dedo que nos indica que queda mucho trabajo por hacer. Si queréis dejamos de hablar del cielo y nos concentramos en ponerle parches al dedo, que es como intentar curar una infección con antipiréticos.

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