DEPORTE FEMENINO
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DEPORTE FEMENINO

Hace un tiempo, a un tenista cuyo nombre no pienso decir le preguntaron qué le parecía que sus compañeras cobrasen mucho menos que él. Y él contestó que cada uno tiene que cobrar en función de lo que genera. Ese fue el momento en el que partí peras ya definitivamente con ese deportista engreído y puede que le gritara un par de lindezas al televisor. No me acuerdo y no hay documentos gráficos.

Sin embargo, nada de eso puede compararse con lo que pasó ayer en mi casa. Y es que ayer, durante media hora, jugaron simultáneamente los dos primeros equipos del Barça sus partidos de la Supercopa. Y como el equipo femenino jugaba antes que el masculino, yo quise ver cómo acababa el choque.

Vi la tanda de penalties entre la sorna y los comentarios jocosos de los tres machos de mi familia. Sé perfectamente que lo hacen por meterme el dedo en el ojo y verme saltar, pero, mira, no. Estamos en 2021 y esos comentarios despreciativos, machistas, homófobos y tránsfobos, que me imagino que tienen que escuchar TODAS las deportistas prácticamente TODOS los días de sus vidas, pues como que no. Vale ya, basta. PROU.

Y es que, evidentemente, hay diferencias entre el deporte femenino y el deporte masculino. Claro que las hay. Algunas diferencias son porque las personas somos diferentes físicamente, pero gran parte de las diferencias que existen no se deben a eso. Que no, que no son por eso. ¿Y cómo lo voy a argumentar? Pues voy a hablar de deporte femenino sin hablar de mujeres.

La NBA

¿Os acordáis de Fernando Martín? Los que tenemos una edad, sí. Fue el primer español en llegar a la NBA. Lo escogieron en el puesto 38 del draft. El segundo europeo en llegar a la liga de las estrellas, la mejor.

De hecho, hace 30 o 40 años, la diferencia entre las ligas europeas y la NBA era abismal. Que un europeo llegara a la NBA era noticia porque era prácticamente imposible. En mi casa veíamos todo tipo de baloncesto y el consenso era unánime: lo de la NBA era de otro mundo. La ACB era una liga mediocre comparada con la liga estadounidense. No había nada que hacer. La NBA era mil veces superior. Incluso cuando mi equipo, el Barça, tenía la suerte infinita de llegar a una final de la extinta Copa de Europa y veíamos un partido vibrante y emocionantísimo, no podía compararse con ningún partido de la NBA.

¿Por qué? ¿Acaso los estadounidenses son, en general, físicamente superiores a los europeos? ¿Acaso son más altos y más fornidos? ¿Acaso son, dios no lo quiera, mejores que los españolitos?

Si os sentís tentados a contestar que sí, dejadme que os recuerde que en 1986 el concurso de mates de la NBA lo ganó Anthony Spud Webb, que mide 1,68. En una liga en la que también jugaba Tyrone Bogues, que mide 1,60, exactamente mi altura. (Luego vendría Nate Robinson a ganar el concurso de mates tres veces con 1,75 de altura.)

¿Os acordáis del Dream Team de Barcelona 92? Todos teníamos clarísimo que solo se podía aspirar a la medalla de plata porque la de oro no tenía discusión. La superioridad del equipo estadounidense era pasmosa. A nadie se le podía ocurrir siquiera competir con las estrellas de la NBA. A lo máximo que se podía aspirar era a perder de menos de 30 puntos. Los estadounidenses vinieron a pasearse, a divertirse y a llevarse la medalla de oro sin casi sudar.

Han pasado casi 30 años de eso y la temporada pasada hubo 133 jugadores extranjeros en la NBA. 133. Entre ellos 5 españoles, que llevan varios años en esa liga.

Hace unos años que vemos con cierta regularidad enfrentamientos entre equipos de la NBA y equipos europeos, con todos sus efectivos. La nueva liga de baloncesto europeo tiene un nivel impresionante y el trasvase de jugadores entre Europa y la NBA es habitual. No digo que se haya llegado al nivel de la NBA (enseguida abrimos ese otro melón), pero el nivel ha subido tantísimo que los ojeadores vienen a Europa a buscar jugadores para el draft y nos resulta muy habitual que un jugador que destaca se marche y más adelante vuelva.

¿Ha sido cosa de magia? ¿Ha mejorado nuestra alimentación? ¿Nos han salido unas generaciones de jugadores especialmente buenos?

No. SE HA METIDO PASTA.

Las diferencias deportivas entre equipos, ligas, países y continentes se resuelven de una sola manera: invirtiendo, METIENDO PASTA. Si la NBA es la liga increíble que es, es porque mueve muchísimo dinero. Y porque el sistema estadounidense está creado para explotar las altas capacidades deportivas de su población. En otras palabras: se invierte muchísimo y se les saca muchísimo rendimiento a los deportistas. Y eso les permite tener ligas muy competitivas con todo lo que los deportistas necesitan para llegar a ser los mejores.

Con dinero se pagan nutricionistas, preparadores físicos, psicólogos, instalaciones deportivas de primera clase, fisioterapeutas, terapias novedosas para las lesiones y la recuperación muscular, hoteles caros para que los jugadores descansen antes del partido, medios de transporte rápidos, seguros y agradables para mitigar el cansancio de los traslados y sueldos generosos para que los deportistas solo tengan que concentrarse en su trabajo.

¿Es una casualidad que los primeros puestos del medallero olímpico los ocupen siempre los mismos países? No, es una cuestión de dinero. Igual que es una cuestión de dinero que algunos países casi no tengan deportistas de élite, pese a tener grandes poblaciones. ¿Son inferiores físicamente? No, sencillamente no tienen dinero para invertir en deporte. Que hacer competiciones internacionales está genial y tal, pero que siempre van a tener ventaja los países ricos. SIEMPRE.

De hecho, ¿es que nos gusta muchísimo más el fútbol que los demás deportes por algún motivo? Pues no, señores. No es nada inherente a nuestra cultura. En cada país hay deportes que se fomentan metiendo dinero y generando un negocio millonario y otros deportes que no tienen esa suerte. ¿De qué depende? Pues de a qué se jugara hace cien años, del tiempo que hace y DEL DINERO QUE SE METE. Es decir, sí que hay un componente cultural en cuál es el deporte que está mejor posicionado para crear un negocio a su alrededor y siempre se elige el más implantado, pero da exactamente igual cuál sea, se va a generar un negocio a medida del espectador, sin importar el deporte que le guste.

Cada vez que alguien dice que el deporte femenino es inferior, pienso en eso. Pienso en lo inferior que era el baloncesto europeo al estadounidense. Y pienso que ahora lo puede mirar cara a cara porque se tomó la decisión de hacerlo más competitivo, se hicieron las inversiones necesarias y se luchó por eso.

Si queremos que el deporte femenino sea mejor, solo hay un camino: METER PASTA.

Pero vamos con el otro melón: el tiempo

Si las ligas europeas no han alcanzado el nivel de la NBA y nos parece normal es porque hace relativamente poco que se ha invertido en el baloncesto europeo. Se ha visto que había interés y un posible filón y se ha seguido un camino similar al que ha recorrido el fútbol. Se han vendido los derechos de emisión de los partidos, que ahora solo se pueden ver en plataformas privadas, se ha creado una superliga europea mucho más interesante que la que teníamos antes. Se ha aumentado la frecuencia de los partidos (hasta tres semanales, como, ¡oh, sorpresa!, se suelen jugar en la NBA). Y aun así la liga europea no llega al nivel estadounidense porque llevamos mucho menos tiempo haciendo las cosas como ellos. Y nos parece normal. Y nadie se lleva las manos a la cabeza. Tenemos todos claro que es un proceso, como cuando se crea un proyecto a largo plazo y pasan unos años sin ganar ningún título porque se está formando el equipo.

Es decir, a ver si lo vamos pillando… El baloncesto europeo sigue siendo diferente al estadounidense. Y, sin embargo, nadie insulta al europeo. Nos parece genial que haya mejorado, nos gusta, lo vemos. Incluso algunas veces decimos cosas como “Ah, si en Europa se gestionaran las ligas como en Estados Unidos, sería una pasada”.

Pasa, de hecho, al revés, con el fútbol. En Estados Unidos hace menos tiempo que se juega, así que el nivel es diferente al nivel europeo (y latinoamericano, pero en ese melón sí que no me voy a meter hoy, que va relacionado con el dinero del que hablábamos antes). Y no pasa nada. Hay grandes estrellas que se van a jugar a Estados Unidos cuando acaban su carrera en Europa. O a Japón, a China o a Oriente Medio, donde se está invirtiendo muchísimo dinero para crear equipos competitivos. ¿Y qué está pasando? Pues que de repente empezamos a tener en Europa jugadores de todos esos países que están invirtiendo dinero en sus ligas para aumentar el nivel. El modelo es siempre el mismo: pasta y tiempo.

Espero que veáis el paralelismo y las grandes diferencias con lo que pasa en el deporte femenino, porque voy a volver a hablar de mujeres.

En Navidad se cumplieron 50 años del primer equipo femenino del Barça. 50 años. El Barça se fundó en 1899. Lo digo por poner un poco de perspectiva.

Ese primer equipo jugó un partido de mentira, en un campo más pequeño y el comentario de la prensa fue que el fútbol femenino tenía poco recorrido. El primer equipo femenino oficial de fútbol del Barcelona se fundó en 2001. Es verdad que había un equipo asociado desde el año 85, pero el Barcelona no tuvo primer equipo femenino oficial hasta 2001. ¿Me oís los del fondo? El primer equipo femenino se fundó en 2001. El Barça ya había celebrado su centenario cuando fundó su equipo femenino. Si queréis contar desde el equipo asociado… pues tenía 86 años de historia cuando aceptó un primer equipo femenino.

La liga nacional de fútbol femenino se inauguró en 1988. ¿La masculina? En 1929. Casi sesenta años antes.

A principios del siglo XX los hombres brincaban y chutaban pelotas, y las mujeres no podíamos hacerlo. Estaba mal visto o estaba prohibido o sencillamente no teníamos tiempo libre porque lo dedicábamos todo a bordar ajuares y cocinar. Así que no me comparéis el privilegio de llevar más de cien años haciendo deporte, viendo deporte (podríamos escribir un libro repasando canciones, películas y libros que extienden esa idea de que el hombre está obsesionado con el deporte y a las mujeres no nos gusta) y hablando de deporte con nuestra incorporación tardía, porque son cosas que no se pueden comparar.

Referentes

Y ahí es cuando llega el otro gran problema que tenemos las mujeres en el deporte. Y es que no tenemos referentes.

Que sí, que sí, que cada día tenemos más y que hay algunas excepciones a esto (Arantxa, Steffi, Serena y Venus, Blanca, Carolina), pero, en general, la falta de referentes es abrumadora. Cualquier niño de doce años te puede decir el nombre de unos cuantos deportistas, pero muy pocos pueden decirte el nombre de una deportista. (Y añado que hay una estadística muy divertida de hombres que creen que podrían ganarle un punto a Serena Williams.)

Sabemos qué desayuna Messi y cuántos hijos tiene Sergio Ramos, pero prácticamente nada de sus compañeras de equipo. Es normalísimo que una niña lleve una camiseta con el nombre de cualquier jugador del primer equipo masculino de su club, pero es casi imposible que un niño juegue con una camiseta con un nombre de mujer a la espalda.

Y aquí es cuando surgen, afiladas, las palabras de ese tenista anónimo: “Es que se merecen lo que generan”. Y, no, querido tenista machista, no es así. No es que ellos generen más, es que se ha montado un negocio alrededor de ellos que no se ha montado alrededor de ellas. Y ese negocio se retroalimenta y convierte el deporte en una máquina de ganar millones que te permite tener una mansión, amigo. Jugar al tenis no genera nada si no hay teles que retransmitan tu partido, si no hay prensa que cuente lo que has hecho, si no hay patrocinadores.

No es que haya un interés desmedido que genere un pastizal. ¿Comparamos cuánto cobraban los deportistas (de los deportes populares) antes y lo que cobran ahora? Cuando yo era pequeña los partidos se veían por la tele y ningún futbolista tenía un contrato publicitario más alto que su ficha. Se ha creado un negocio basado en un deporte que ya existía y se ha gestionado para que la gente tenga interés por verlo. Y, gracias a eso, los futbolistas han añadido un cero a sus contratos. No es al revés. No son los futbolistas los que han creado ese negocio, no son los tenistas los que “generan” el dinero. Es el modelo de negocio que se crea alrededor del deporte.

“Ah, pero es que los partidos femeninos los pasan en abierto y no los mira ni dios”. Pero, alma de cántaro, yo sé cuándo juega el Barça masculino porque me lo cuentan en todos los programas de noticias, en la radio, en el periódico y porque lo comentan los señores de la mesa de al lado cuando voy a tomarme un café. Me guste o no me guste el fútbol, me voy a enterar de cuándo juega, contra quién y en qué competición. Si tengo que hacerme un Excel para enterarme de cuándo juega el equipo femenino y si resulta que a la misma hora se juega un partido de, no sé, vóley playa masculino, lo más probable es que no pueda ver nunca al equipo femenino de mi club. Que echar un partido sin avisar, en tu cadena secundaria cuando da la casualidad que no hay ningún hombre jugando a nada no es apostar por el deporte femenino.

Si vas a decirme que el dinero no tiene nada que ver y que se esfuercen más y cuando generen atención BLA BLA BLA, recuerda que, hace unos meses, hubo una huelga en la liga de fútbol femenino porque ellas pedían COBRAR UN SUELDO MÍNIMO, poder dedicarse profesionalmente al fútbol y cobrar las bajas. Y luego, cuéntame tú, José Alberto, que cuando tienes una reunión extra o hace mucho frío te saltas el gimnasio, cómo puede una persona dedicarse plenamente a su trabajo si necesita otro trabajo para mantenerse (o tener apoyo familiar), no puede estar de baja y ni siquiera se le reconoce la categoría de profesional. Por no hablar de todas las consideraciones sobre la maternidad que son otro melón que hoy no vamos a abrir.

En ellas se invierte menos y a ellas se les exige muchísimo más.

Termino diciendo que, pese a todo, Laia Sanz terminó novena absoluta en el Dakar en 2015. Que el talento femenino está ahí, es abundantísimo y lo único que hace falta es que se invierta en nosotras lo mismo que se ha invertido en ellos: dinero y tiempo.

Que comparar un deporte sobre el que se vierten cantidades ingentes de recursos con otro que es mucho más nuevo y en el que las inversiones son mínimas (recordemos ese viaje de los primeros equipos del Barça, ellos en primera clase y ellas en turista) y pretender que uno es infinitamente mejor que otro no es únicamente una idiotez, sino que es injusto, machista y clasista.

Foto de Jeffrey F Lin para Unsplash

2 Comments
  • Alejandra Ramírez Olvera
    Posted at 12:03h, 31 enero Responder

    Sin mayores tintes emocionales, solo datos y comparaciones apropiadas. Excelente entrada.

    • Paula
      Posted at 08:39h, 19 febrero Responder

      Muchas gracias. Este es un tema que me toca mucho y me indigna bastante. Con dos niños y una niña, los tres jugadores de baloncesto, veo toda clase de cosas y me pongo de los nervios. Y luego siempre hay gente que te argumenta lo de que “hay más interés” por una cosa que por otra. Y no, no es cierto. Hay interés por el negocio más grande. Tengo muchos más ejemplos como el boom de la F1 cuando Telecinco compró los derechos o incluso el boom del vóleibol (más cortito y concentrado) tras las Juegos del 92. Solo con dinero y atención mediática se consigue que un deporte se consuma. No hay más.

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