Carta abierta a los socios de DAMA
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Carta abierta a los socios de DAMA

Yo fui la primera traductora en Dama. Entré en la entidad tras hablar con Víctor y Carlos, después de que SGAE nos hubiese empujado a crear la asociación de traductores y de varias reuniones fallidas con ellos en las que intentábamos explicarles nuestros problemas y nuestras necesidades. Me enamoré del concepto de Dama. Me contaron, emocionados y felices, que era una asociación en la que cada socio tenía un voto, en la que éramos todos iguales, en la que se iban a corregir todos los agravios de SGAE. Lo que más me gustó fue que no era gente aferrada a un asiento en un palacete. Era gente como yo, con un trabajo precario, con problemas y necesidades y con ganas de cambiar las reglas del juego. Así que fui la primera traductora que se dio de alta en Dama, hará como, no sé, 14 o 15 años.

Fui la primera traductora en el consejo de Dama. Me presenté animada por el director general, que me dijo que estaba bien que yo entrara y viera cómo funcionaba la entidad desde dentro, que les explicara a mis compañeros (y recalco compañeros, porque para mí eso han sido siempre los guionistas y los directores) en qué consistía nuestro trabajo y viésemos de qué maneras podíamos colaborar. Salí elegida con la mayor cantidad de votos o con la segunda mayor cantidad. Hasta ese momento, los cargos se habían repartido en función de los votos y así lo hizo notar una compañera guionista, pero se habló de buscar a alguien más «representativo» del sector y entonces se eligió a un guionista y director como presidente.

Esos primeros cuatro años aprendí mucho. Iba a las reuniones, hablaba con directores y guionistas, intentaba entender sus problemas y buscar maneras de colaborar. También intentaba que todos los traductores se vinieran a Dama porque creía en el proyecto y porque siempre se me dijo que, si todos los traductores estábamos en Dama, eso sería un buen argumento para conseguir el repertorio extranjero. Fueron cuatro buenos años. Hicimos muchas cosas y pusimos los cimientos de todo lo que íbamos a hacer los cuatro años siguientes, habiendo conseguido ya el repertorio estadounidense.

En esas segundas elecciones, durante el reparto de cargos, sugerí que alguno de los cargos lo ostentara un traductor, para dar esa imagen de frente unido, de que todos éramos importantes, de que todos los socios valíamos lo mismo. A mis compañeros les pareció una buena idea y fue así como me convertí en la primera traductora con un cargo en Dama, la vicepresidenta.

Os cuento esto para decir que yo creo en Dama. O creo en la idea que teníamos de Dama. Esa idea de compañeros, en la que todos somos iguales aunque nuestros trabajos sean diferentes. En el consejo de Dama, aunque yo soy traductora, nunca he trabajado como traductora. Siempre he trabajado como consejera de todos los socios de Dama. Yo no era consejera de unos pocos, era consejera de todos. No era vicepresidenta de los profesionales de la traducción, era la vicepresidenta de todos los socios.

De todo lo que está pasando, lo que más me duele es eso, que se esgriman argumentos como: «Es que a veces tenemos conflicto de intereses». Todos tenemos conflicto de intereses a veces. Guionistas con directores, guionistas con traductores, los traductores con los ajustadores, los traductores con los profesionales de la accesibilidad. ¿Quién ha dicho que vaya a ser todo una maravilla y siempre vayamos a estar de acuerdo? Para eso tenemos un consejo, para eso nos reunimos, para eso hablamos, discutimos, conversamos. Siempre he pensado que nos unen muchas más cosas de las que nos separan, que tenemos un montón de batallas comunes, que podemos crear sinergias, que podemos ayudarnos. No entiendo por qué hay que enfrentar a guionistas, directores y traductores, como si no fuésemos todos socios de la misma entidad.

Ligar la representación de un colectivo a su aporte económico me parece mal. Por esa regla de tres, tendría que valer más el voto de Amancio que el de mi vecino, que es profe de universidad. Según ese razonamiento, está más cualificada para dirigir una organización la gente que más dinero gana. Podríamos buscar mil fórmulas de consenso de representatividad en el consejo que se basaran en la cantidad de socios (los traductores seguimos siendo minoría) o en otro tipo de consideraciones, pero ¿el dinero? ¿No fue precisamente el maltrato por parte de los compañeros de otras especialidades lo que generó la creación de Dama? ¿Resulta que ahora que el pez pequeño es otro están bien las prácticas abusivas?

Pero, vale, aceptemos por un momento ese razonamiento neoliberal de que el que más dinero gana más derechos tiene. Dicen que los guionistas generan el 98% de lo que recauda Dama. Que yo sepa, la recaudación principal de Dama no viene de la mano de ninguno de sus socios. La recaudación principal de Dama es el repertorio extranjero, especialmente el estadounidense, que es lo que más se ve en la tele en este país. ¿Son guionistas? Sí, claro. Y directores. Pero no españoles, no socios de Dama. Y, sin meterle el dedo a nadie en el ojo, ¿sabéis por qué el repertorio estadounidense recauda lo que recauda? Porque se traduce. Pensad en los números que tendría, no sé, Stranger Things, si hubiese que verla sin doblaje ni subtítulos. ¿Quién la vería? ¿Quién la conocería? Es más, pensad en qué recaudarían las obras de los guionistas españoles si no se tradujeran a otros idiomas. Esos 5 millones del presupuesto que se recaudan en otros países tampoco existirían. Si vamos a contar como recaudación lo que generan los guionistas extranjeros, contemos también lo que supone para los guionistas nacionales que en otros países se consuman sus productos.

Durante los ocho años que estuve en el consejo de Dama hice incontables reuniones con el equipo fijo de la entidad para explicar en qué consistía nuestro trabajo, qué problemas teníamos, a qué desafíos nos enfrentábamos. Pero, a día de hoy, creo que si le preguntaseis a un consejero no traductor o a un trabajador de Dama qué hace un traductor y qué hace un ajustador, no lo sabría nadie. Cada vez que la entidad organiza algo, desde un vídeo para el día de la mujer hasta una encuesta, se nota que nadie sabe lo que hace un traductor ni qué problemas tiene. Nadie cuenta con nosotros.

Fui vicepresidenta cuatro años. Vicepresidenta y la única, junto con mis dos compañeros traductores, que no vivía en Madrid. Me ofrecí incontables veces para acompañar al presidente, al director general y a quien hiciera falta a reuniones, grupos de trabajo, lo que fuera, especialmente si eran en Barcelona. ¿Para defender los derechos de los traductores? No, para entender mejor a qué se enfrentaban los guionistas y para luchar por ellos como a mí me gustaría que luchasen ellos por mí. Pese a que el director general me había dicho que me iba a poner a trabajar, nunca asistí a nada en calidad de vicepresidenta. Es una cosa que queda bien en LinkedIn, ya está.

Que quede claro que no queremos equiparar nuestro trabajo al de un guionista. Son cosas distintas. Lo único que queremos es equipararnos como socios.

He leído por ahí que es que no somos creadores. Y estoy de acuerdo en que somos creadores distintos, pero ¿cuando se hace un guion a partir de una novela, uno es menos guionista o menos creador? ¿Cuando se hace un remake? Nosotros somos creadores. No creamos el mundo entero que crean los guionistas y los directores, pero acercamos los mundos escogiendo cuidadosamente las palabras, las bromas, el tono, el registro. Ayudamos a redondear una obra que es incomprensible para el público no solo por el idioma, sino, principalmente, por la cultura. No queremos que a nuestro trabajo se le dé más empaque del que tiene. Admiramos a nuestros compañeros guionistas porque su trabajo es muy creativo, pero el nuestro también. De otro modo, con otra inversión de tiempo y esfuerzo, pero lleno de creatividad igualmente.

En mi última reunión como consejera/vicepresidenta de Dama, el director general me echó la bronca a mí (?) porque se habían presentado demasiados traductores, en su opinión, a las elecciones. Yo le dije que no sabía por qué me echaba la bronca a mí y él dijo que seguro que lo habíamos estado hablando entre nosotros. Yo le hice notar que dos semanas antes habían enviado un correo pidiendo candidaturas y que todos los socios eran libres de presentarse. Que no, no había hablado con los más de 700 traductores audiovisuales en activo para saber si alguien se había apuntado y que no veía el problema. Y él me dijo que no podíamos ser tantos. Le pregunté si le parecía bien que fuesen tantos guionistas y me dijo que sí. Le pregunté entonces si todos los socios éramos iguales y me dijo que, a ver, que cada uno tendría que saber estar en su sitio.

Yo no entré en esa Dama. Yo entré en una Dama en la que el director general de ese momento me dijo que todo era posible, que todos éramos iguales y que todos íbamos a colaborar. Hablamos de recaudar menos a los guionistas y directores españoles cuando grabaran en otro idioma y necesitaran traducción, pero más a los extranjeros. Hablamos de encontrar maneras de favorecer siempre al socio de Dama, fuese cual fuese su profesión. Hablamos de una Dama en la que el consejo pudiera tener la mitad de socios traductores, guionistas o directores y que todo el mundo luchara por el bien de todo el mundo. Ya lo sé, me vais a decir que soy inocente y crédula y que, cuando el dinero entra por la puerta, las buenas intenciones salen por la ventana. Pero yo quiero vivir en un mundo donde seamos compañeros. Donde todos entendamos el trabajo de los demás y los ayudemos en los momentos difíciles. Es curioso que tengamos encima la mayor amenaza que hemos vivido nunca todos como creadores y estemos perdiendo el tiempo discutiendo por la representación en un consejo que NUNCA ha estado en peligro de verse totalmente copado por traductores. Un consejo en el que JAMÁS se ha votado nada que solo quisieran los traductores y en el que los traductores prácticamente en ningún momento hemos votado en contra de lo que nuestros compañeros guionistas creen que es lo mejor para ellos.

Lo que más me duele de todo es eso. Que creo que los traductores hemos sido unos buenos jugadores de equipo. Hemos escuchado, hemos apoyado, hemos trabajado por el bien de todos los socios de Dama. Nunca nos hemos puesto en contra de lo que los guionistas y los directores han considerado justo. Pero aquí estamos, luchando para que no se apruebe un cambio estatutario injusto que nos relega a una participación anecdótica en el consejo, no por la cantidad de socios que somos, sino por el dinero que recaudamos. Cosa que me parece muy fea porque los traductores nunca vamos a recaudar más que los guionistas por una simple cuestión de porcentajes de reparto que, encima, nos parecen justos. ¿Me podéis dar algún otro ejemplo de mayorías en función del dinero que recaudan? Y si lo encontráis, ¿os parece bien que sea así?

Los traductores tenemos un trabajo muy precario amenazado más que nunca por la IA, que ya está dejando a muchos compañeros en situación crítica. Dama no ha solucionado absolutamente ninguno de los problemas que tenemos, seguramente porque recaudamos poco y qué más da, pero ahí seguimos, presentándonos al consejo, con ganas de participar, de aportar, de crear una entidad fuerte y justa que ayude a los socios cuando peor lo pasan. A todos los socios. Lo único que estamos pidiendo es el mismo trato. Que alguien se siente un rato a tomar una birra o un café con nosotros y podamos hablar de los retos a los que nos enfrentamos. Y que todos rememos juntos para conseguir mejores condiciones para todo el mundo.

Soñar es gratis.

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