| Tienes un don
¿Te parece que escribir no es un don, sino algo normal y corriente que puede hacer todo el mundo? ¿Crees que no puedes ser escritor si no tienes un libro entre los más vendidos de Amazon? Vamos a intentar desmontar algunos mitos de la vida del escritor.
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Lo que tienes es un don

Una vez entré en la habitación de mi hija y había ordenado los botes de los lápices por colores. Yo, que tengo que buscar en Google una rueda de color cada vez que quiero combinar algo y que solo sé que las cajas de rotuladores empiezan por el blanco y acaban por el negro, me quedé extasiada al mirar su escritorio y ver cuatro botes llenos de colores dispares pero armoniosos. En ese momento supe que mi hija tiene un don estético que yo nunca he tenido y que va a ser una adolescente infinitamente mejor vestida de lo que fue su madre. La especie va mejorando.

Tiene un don también Dani, un chico joven al que di clase, que hace unos dibujos de caerse de culo. Y mi amiga Ruth tiene el don de la organización y una mente tan compartimentada y estructurada como su casa. Tiene un don Misty Copeland, la primera bailarina negra en ser bailarina principal de un gran ballet. Tiene un don Messi y también tiene un don Cristiano Ronaldo (pero Messi más). Los hermanos Coen tienen un don. Y Frances McDormand, la mujer de uno de ellos, también lo tiene. Jonathan Franzen, uno de mis autores favoritos últimamente, también tiene un don. Y lo tenían Eduardo Galeano o Daniel Rabinovich.

Eso no lo discutimos y nos resulta evidente. Hay un montón de gente en el mundo que tiene un don y hace un trabajo absolutamente impecable que nos encanta observar. Hay pintores, cantantes, fotógrafos, cocineros, profesores, periodistas y hasta twitteros que tienen un don. Y lo comentamos todos los días con admiración y hasta un punto de envidia. Qué maravilla de dones que tienen los demás.

Pero lo nuestro es otra cosa. No tenemos ningún don. Lo que hacemos nosotros puede hacerlo cualquiera. De hecho, hay mucha gente que lo hace, ¿no? Saber redactar no es nada impresionante ni mucho menos importante. Si no conviertes esa capacidad en una novela que pese medio kilo, no sirve para nada. Y tú no eres capaz de escribir una novela que pese medio kilo. Así que quieres que te dejen tranquilo, porque lo tuyo es algo tan normal, tan de andar por casa, que no quieres llamar la atención sobre ello.

Eso es lo que nos pasa habitualmente a todos. No te das cuenta de que lo piensas, pero está ahí, constantemente, esa especie de certeza absoluta de que lo que tú tienes no es para tanto y no se puede comparar con los dones de los demás.

Yo, por lo menos, pensaba eso constantemente. “Sí, sí, se me da bien, claro, pero como a todo el mundo. Hay millones de personas que escriben mejor que yo. Y no tiene absolutamente ningún valor, porque ni siquiera me esfuerzo. Debe de ser porque de pequeña leía mucho.”

Hay cosas a las que les vemos la utilidad enseguida. O que nos llaman la atención enseguida porque son espectaculares. Y escribir no es una de ellas. Pero si miras a tu alrededor, si te fijas en la comunicación escrita de las personas, verás que lo que tienes es un don. Que no todo el mundo sabe estructurar las ideas en una hoja de papel, que las reglas gramaticales y sintácticas se le escapan a mucha gente, que el ritmo de un texto no es algo que esté al alcance de todos.

Escribir bien es un don. Saber comunicarse por escrito es un don. Ser capaz de escribir textos ordenados, divertidos, informativos y curiosos es un don. Y como todos los dones, hay que aprovecharlo. Tienes un don y sería una lástima desperdiciarlo por creer que es algo normal o que no tiene valor. Por pensar que no puede ser un don si te sale natural, si no te cuesta más que vencer la resistencia a ponerte frente a la hoja en blanco.

Vamos a aprovechar ese don. Vamos a buscar maneras de sacarle partido y de vivir gracias a él, disfrutando de lo que nos gusta hacer y planteándonos formas alternativas de valorar lo que tenemos y de montar un negocio a su alrededor. Quédate por aquí que lo hacemos juntos.

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